Descripción
La iglesia de Santa Caterina d'Alessandria, llamada también Santa Caterina delle Donne, da a la piazza Pretoria y a la piazza Bellini, en el corazón de Palermo. Forma parte de un monasterio dominico del siglo XIV, y por dentro es una de las iglesias más suntuosas del barroco palermitano.
Construida entre 1566 y 1596, tiene una única nave con tres capillas por lado y el transepto con la cúpula. El exterior es sobrio, la sorpresa está dentro: paredes cubiertas sin interrupción de marmi mischi, es decir, taraceas de mármoles de colores, estucos dorados y frescos.
En lo alto, en la cúpula, Vito D'Anna pintó en 1751 el Triunfo de la Orden dominica. En la bóveda de la nave está el Triunfo de Santa Catalina de Filippo Randazzo, con estucos dorados de Procopio Serpotta.
No te pierdas las taraceas de mármol en la base de las pilastras, con episodios bíblicos como Jonás y la ballena o el Sacrificio de Isaac, y la estatua de santa Catalina de Antonello Gagini, de 1534, en una capilla del transepto.
El coro, sobre la entrada, muestra cómo vivían las monjas: detrás de las rejas, en lo alto, seguían la misa sin ser vistas. El coro, sostenido por dos columnas salomónicas de granito rojo, tiene frescos de 1769.
El monasterio nació gracias a los legados de Benvenuta Mastrangelo y de su madre y con el tiempo quedó reservado a las hijas de la aristocracia. Las últimas monjas se marcharon en 2014, y el complejo se ha transformado en museo de la vida monástica, con claustro y refectorio.
El claustro tiene un suelo de mayólicas napolitanas azules del siglo XVIII y un jardín de plantas aromáticas; el refectorio conserva todavía las largas mesas de madera sobre grandes ménsulas de mármol rojo.
Y luego los dulces. En 1841 el arzobispo cerró la dulcería de las monjas porque ganaban demasiado, en contra de la regla de pobreza. Con esas ganancias la priora había pagado los marmi mischi del sotocoro. Desde 2017 se pueden volver a comprar dulces con las antiguas recetas de los monasterios de Palermo.
Construida entre 1566 y 1596, tiene una única nave con tres capillas por lado y el transepto con la cúpula. El exterior es sobrio, la sorpresa está dentro: paredes cubiertas sin interrupción de marmi mischi, es decir, taraceas de mármoles de colores, estucos dorados y frescos.
En lo alto, en la cúpula, Vito D'Anna pintó en 1751 el Triunfo de la Orden dominica. En la bóveda de la nave está el Triunfo de Santa Catalina de Filippo Randazzo, con estucos dorados de Procopio Serpotta.
No te pierdas las taraceas de mármol en la base de las pilastras, con episodios bíblicos como Jonás y la ballena o el Sacrificio de Isaac, y la estatua de santa Catalina de Antonello Gagini, de 1534, en una capilla del transepto.
El coro, sobre la entrada, muestra cómo vivían las monjas: detrás de las rejas, en lo alto, seguían la misa sin ser vistas. El coro, sostenido por dos columnas salomónicas de granito rojo, tiene frescos de 1769.
El monasterio nació gracias a los legados de Benvenuta Mastrangelo y de su madre y con el tiempo quedó reservado a las hijas de la aristocracia. Las últimas monjas se marcharon en 2014, y el complejo se ha transformado en museo de la vida monástica, con claustro y refectorio.
El claustro tiene un suelo de mayólicas napolitanas azules del siglo XVIII y un jardín de plantas aromáticas; el refectorio conserva todavía las largas mesas de madera sobre grandes ménsulas de mármol rojo.
Y luego los dulces. En 1841 el arzobispo cerró la dulcería de las monjas porque ganaban demasiado, en contra de la regla de pobreza. Con esas ganancias la priora había pagado los marmi mischi del sotocoro. Desde 2017 se pueden volver a comprar dulces con las antiguas recetas de los monasterios de Palermo.